A VECES TIENES QUE PONER LÍMITES
A veces hay que poner límites.
A veces la suavidad no funciona.
A veces el amor es un “no”.
A veces, aunque todo parezca que se viene abajo, debes mantener tu postura. El universo se va a encargar de regresar las cosas a su orden.
A veces, aunque parezca que eres responsable del sufrimiento del otro, tienes que dejar que las cosas sucedan.
A veces, hay que sufrir para llegar a darse cuenta.
Por eso el sufrimiento también es amor.
Porque te obliga a cuestionar.
Porque te hace tocar fondo.
Porque puede, y solo puede, que a través del sufrimiento, pueda surgir el anhelo de algo mucho más profundo.
Porque quizás, y solo quizás, a través del dolor, te des cuenta de que hay una puerta.
De que existe otra manera de experimentar la vida. No desde la postura personal, sino desde la conciencia de un todo.
Y esto es auténtico amor sin condiciones, sin concesiones.
A veces, el auténtico amor hace saltar las estrellas en mil pedazos. Y de esa explosión, amigo mío, de esa explosión, surge la vida.
